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Gracias a Monseñor Le Mée…
Abril 2008…abril 1858: Hay 150 años que las Hijas del Espíritu Santo llegaban a Yffiniac (cerca de Saint Brieuc) y llegaban gracias a Monseñor Le Mée, originario de este lugar. Su casa natal está siempre a la entrada de la comunidad y la calle lleva su nombre. Era ya por los cuidados de Monseñor Le Mée, obispo de Saint Brieuc, mientras estaba vicario general y superior eclesiastico de la Congregacion, que la Casa Madre había sido transferida de Plerin a Saint Brieuc Las primeras hermanas llegaron a Yffiniac " para la educación de los niños, el cuidado de los enfermos y la mantención de la iglesia ". Durante 150 años, 75 hermanas se sucedieron en medio de esa populación, compartiendo su vida, sus alegrías, sus esperanzas pero sobre todo sus duelos, sus penas y preocupaciones.
Este domingo 7 de abril, una treintena de hermanas han venido a juntarse a los participantes de la misa parroquial para agradecer a Dios, con la comunidad de las religiosas, de todo lo que se ha vivido " Nosotras las hermanas reconocemos haber recibido mucho de ustedes, por ustedes, y es nuestra alegría. Y nuestra alegría es grande porque en medio de nosotras très hermanas son nativas de la parroquia: Hermana Jeanne de la Congregación de la Divina Providencia de Crehen ; dos Hijas del Espíritu Santo: Annick Rault y Monique Blanchard nuestra provinciala actual."
Desarrollando el evangelio del día, amar a Cristo como El amó, y ser portador de la Buena Nueva, el padre Maurice Gauthier veía Monseñor Le Mée, antes de mandar las hermanas a Yffiniac, rezar una oración partiendo de una mirada sobre la vida del mundo: niños poco escolarizados, enfermos no cuidados… " A quien enviaré? " Mirada profética que preve un futuro mejor en la presencia a los más desfavorizados, a los más dejados. Trecientos años después del tiempo de las fundadoras, las hermanas están allí con la preocupación de ser presentes adaptándose: Presencia fraternal a los enfermos, a los sordos a los catecúmenos, a la liturgia, a los grupos de oración."Ellas recuerdan sobre todo que lo material no basta para dar sentido a la vida. Su testimonio nos dicen que podemos ser feliz en una comunidad que vive el compartir en el don total al Señor: Locura para el mundo, sabiduría para Dios".
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