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En Perú, el 199º Día de la Patria en medios tonos


El 28 de julio se celebró prácticamente la independencia de la República del Perú en un ambiente de sencillez y también de tristeza por la pandemia.

En el contexto de esta fiesta, el arzobispo Carlos Castillo, considerando la vida de María y su prima Isabel que comparten sus momentos de alegría (Lc 1-52), nos invitó a mirar la realidad de nuestro país y los signos de esperanza desde 1821. El Señor agudiza nuestra sensibilidad y nuestra inteligencia para percibir estas señales en medio de nuestra oscuridad, más aún en este año marcado por la pandemia que ha cobrado más de 40.000 vidas. Al escucharlo, constatamos, en lo que estamos viviendo, acciones de solidaridad: la multiplicación de los comedores, los regalos (comida o dinero), la honestidad de algunos vendedores de globos de oxígeno que no suben los precios para no aprovecharse de la necesidad de la gente, y la fuerza de todos los que luchan en primera línea: médicos, personal sanitario, policías, periodistas, agricultores, bomberos. Estos signos nos animan a sentirnos como un solo pueblo, a apreciarnos mutuamente: está surgiendo una verdadera esperanza contra la corrupción, la discriminación entre pobres y ricos, y el maltrato a las mujeres. Monseñor Carlos también llama a los fieles católicos a colaborar en el acompañamiento de la búsqueda de reformas en el Perú, denunciando todas las acciones de injusticia en la Iglesia y en el país. De esta manera, seremos una Iglesia misionera y solidaria, para un continuo renacimiento de nuestro país, para su libertad como proclama el Himno Nacional: "Somos libres, permanezcamos libres para siempre".

En nuestra comunidad, intentamos abrir nuestros corazones a la gente que necesita nuestro apoyo -oración, dinero, comida...-, y también cultivando el cuidado pastoral de escuchar a través de llamadas telefónicas, informándonos de lo que está pasando en el país. Ante la gran cantidad de infectados y las cifras que siguen aumentando cada día, los hospitales se han derrumbado: falta de oxígeno y camas de cuidados intensivos, muerte de muchos médicos...  

Nuestra fuerza es pedir al Dios de la vida y la historia, María, Madre de los que sufren, Jesús, el sanador, que nos devuelva la salud, la paz y la alegría.

La comunidad de Huaura. Publicado el 4 de agosto de 2020

 



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