Caridad, “un don y un llamado siempre actuales”. RV 2
¡Todo empieza con gestos sencillos!
Gestos sencillos que se han convertido en gestos caritativos, que poco a poco calman, consuelan, sanan, transforman y finalmente dan vida.
Son gestos muy sencillos, que a veces llevan el peso de la generosidad y solidaridad, y que han renovado en nosotros un espíritu familiar y una audacia misionera dinámica.
Es imposible detenerse en el camino porque estamos presenciando la aparición de nuevas formas de pobreza y el crecimiento de desigualdades que tienen un impacto directo en las personas vulnerables y marginadas. La primera exhortación apostólica del Papa León XIV “Dilexit Te”, como eco, nos recuerda la urgencia de escuchar más a este mundo, de estar presentes en él para identificar las fracturas y fuerzas vitales que proporcionan energía, mantienen la esperanza y reviven nuestra fe interior. Nos invita a renovar nuestro sentido de solidaridad y fraternidad.
Gracias de todo corazón por su generosidad y confianza. Esta caridad continua nos conmueve profundamente y les damos las gracias de corazón. Sus dones nos han permitido extender su generosidad hasta convertirla en una semilla de esperanza para otros en el resto del mundo. El vínculo que los une a nuestra Congregación se ha vuelto universal, extendiéndose a todos aquellos que luchan incansablemente contra el hambre, la pobreza extrema, el cambio climático, la guerra, la injusticia y mucho más.
Le alegrará saber qué se ha conseguido con este “gesto común”.
El retorno de cada Unidad de la Congregación da una idea de la multiplicación de «nuestros dos panes y nuestros cinco peces» Mt 14, 13-21.
Con su ayuda, las hermanas han proporcionado soluciones adaptadas y duraderas para permitir que «a los que se encuentran en mayor miseria» (RV 18 c) salgan de su precariedad y recuperen su dignidad, respetando las culturas y creencias de cada una.
Servir a los pequeños siempre ha sido para nosotras, Hijas del Espíritu Santo, la forma más segura de llegar a Dios, en nuestros hermanos y hermanas, reconociendo en ellos a la persona de Jesucristo vivo, fuente de vida.
Que este nuevo impulso nos permita adentrarnos más en nuestros respectivos mundos y extraer vida de lo que viven y comparten nuestros hermanos y hermanas, «para que en Jesucristo todos tengan vida en abundancia» RV 50.
Hna. Simone DONTSA










