Fue un día de recogimiento, amistad y amor en Santiago de Chile, con disposición a ayudarse mutuamente…
Nuestra conversación giró en torno a: «¿Qué puertas hemos cerrado y qué miedo nos ha perturbado?» Tras la reflexión del Evangelio Juan 20,19. comprendimos que los apóstoles también tenían miedo. Se les apareció Jesús, se alegraron, sopló sobre ellos el Espíritu Santo, dándoles la paz y les envió.
Fue un llamado a abrir nuestro corazón, para así tener paz interior, perdonar y estar al servicio de los demás, estar presentes, orando y respetando al prójimo. El Espíritu Santo nos conduce en la fe y afianza en la esperanza. Dios nos ama sin condición.
Finalizamos nuestro encuentro con un símbolo, una cinta roja atada a nuestra muñeca izquierda, el lado del corazón, donde nacen los más puros sentimientos que simboliza el color del fuego. Mi hermano me ato la cinta y yo a él, signo de que sólo no podemos, somos comunidad y cada uno pieza importante para la vida del grupo.
Renovamos nuestras alianzas -miembros de la Rama Secular, asociados de La Pintana y Conchalí y hermana Isabel Larrondo- y dimos lectura y reflexionamos la carta de la hermana Ann Almodovar Superiora General y su Consejo. Siempre es un momento de mucha emoción.
Terminamos el encuentro compartiendo un pastel, enriquecidos con la paz y la alegría que llenaban nuestros corazones.

